30 septiembre, 2006

Frío

Que venga el invierno ya, que me hiele la sangre al fin. No soporto este otoño un día más. Me matan sus días soleados y sus sombras tibias, su olor a nido vacío, a hoja por caer. Me enferma la temperatura perfecta para abrazar al aire. Me desespera su perfecto equilibrio entre noche y día. No soporto que dé igual abrir o cerrar la ventana del balcón. Sin calor, sin frío. Que pasen las horas y que nadie aparezca. No me exaspera que no suene el teléfono, lo jodido es no esperar ninguna llamada.
Que venga el invierno ya. Que congele las calles y el corazón, a ver si así se apaga esta absurda sensación de estar esperando a alguien.
Que venga el frío ya, que le quiero escupir esta soledad a la cara.

25 septiembre, 2006

La tarde del domingo

Los domingos generalmente me son difíciles. Me levanto tarde y el día me queda corto. Por la tarde comienza a darme una ligera angustia, como de tiempo dejado correr sin provecho. O nostalgia. Más ahora que el día comienza a ser más corto que la noche, en un lento andar hacia el invierno.
Sin embargo, de vez en vez sucede un milagro. Una llamada, alguien que me quiere y me quiere ver. Que quiere compartir su tarde para ir al cine, para platicar, para estar juntos. Ese pequeño milagro me salva cada domingo que sucede.
Quizá es que no soy el único con el sunday blues.
Este domingo soñaba despierto. Recordaba algunas tardes de domingo en los que iba a casa de una amiga y nos poníamos a escuchar música en su cuarto, y platicábamos de tonterías, de la vida. Poníamos discos de vinilo, o cassettes y nos los intercambiábamos para copiarlos. Pasaba una tarde tranquila, contento, con compañía.
Ensoñaciones que se vuelven realidad. Tengo más sueños, y quiero hacerlos realidad.

10 septiembre, 2006

Blogger lifting

Google compró a Blogger hace unos dos años, y desde entonces ha estado incrementando una serie de servicios, como hizo yahoo en su tiempo. Ahora le han dado un 'lifting' a blogger y han unido la cuenta de google con la de blogger y yo estoy betatesteándolo. Esta palabra horripilante que me acabo de soplar es un invento de la modernidad, ahí disculpen, pero yo no tengo nada en contra de las nuevas palabras.