La mujer vio los números en la báscula y declaró tajante: Va a tener que dejar algo, no podemos aceptar más de 23 kilos en cada maleta y usted trae 38 en una y 32 en la otra. Eran las 4:30 de la mañana y yo era el único frente al módulo de facturación del vuelo trasantlático. Sorpresivamente la mujer decidió ayudarme en la tarea de aligeramiento. Bajé las maletas de la báscula y las abrí justo frente al mostrador. La mujer salió y se acuclilló junto a las maletas recién abiertas. Yo miraba sin decidirme por dónde comenzar, así que ella cogió un paquete del tamaño de una caja de zapatos, envuelto en papél periódico y me preguntó: ¿Qué es esto? Sosteniendolo dije, es la imágen de dos gramos de cocaína que ví pasar en el verano. ¿Y por qué pesa tanto? No lo sé, es un recuerdo de mucho volumen, respondí, sin aclarar que eran los únicos dos gramos de cocaína que había visto en mi vida. Lo puse a un lado y saque un paquete envuelto en un pañuelo. Lo sopesó y dijo: Éste pesa demasiado también. Es un beso no dado, expliqué. Me vió seriamente, lo volvió a sopesar con mirada reprobatoria y lo dejo a un lado. Sacó un par de libros, una novela vieja y una más nueva. ¿Ya las leíste? inquirió. Ésta sí, dije señalando la novela nueva. Esta otra la estoy leyendo aún, pero no puedo acabarla, siempre pierdo la hoja en la que voy y tengo que regresar varias páginas. A veces avanzo y me doy cuenta que es la segunda o tercera vez que leo ese mismo capítulo. He pensado en releerla de un tirón, y por eso la traigo. O podría abandonarla de una vez por todas, dijo poniendola junto al paquete envuelto en periódico y al del pañuelo.
Luego tomo un espejo por la orilla, luego el otro lado con la otra mano y lo jaló hasta sacarlo completo. ¿Para que quiere llevarse un espejo de cuerpo completo? preguntó la mujer, sin sorprenderse de que el largo del espejo excediese el de la maleta. Por que a veces no me reconozco, y éste lo compré en el Rastro un domingo por la tarde y me muestra quién no soy. El Rastro no abre por la tarde, dijo y lo volvió a meter. No pesa mucho, te lo puedes llevar.
Escarbó un poco entre calzones y calcetines y encontró las asas de una bolsa de plástico negra. Jaló y sacó la bolsa que parecía llena de fichas. Me la mostro ya sin preguntar. Son palabras, expilqué, están revueltas, son las palabras que uso aquí y que ya no voy a usar allá y las que usaba allá y ya no uso aquí. Tengo que ordenarlas, o tirarlas. Pues si las tira ya vamos avanzando un poco, dijo. Yo asentí. Luego saqué un montón de revistas viejas y las deje junto a la bolsa, la novela vieja y el paquete envuelto en periódico. Me dijo que cerrara esa maleta y la pesáramos. 22.7 Kg. Perfecto, dijo, ahora la otra, y apúrate por que ya hay más gente.
04 enero, 2007
03 enero, 2007
Se está cocinando...
El blog "Madrid" dejará de existir en unos días, para dar paso al siguiente, que abordará acontecimientos de mi vuelta a Chiapas. Estoy escribiendo los últimos post para Madrid y pensando en los temas para abrir el nuevo. Este humilde bloguero le pide a sus pocos y fieles lectores paciencia. Ya pronto vienen nuevos capítulos.
Saludos a la banda y que el 2007 les traiga dinero, salud y amor, (elijan dos).
Saludos a la banda y que el 2007 les traiga dinero, salud y amor, (elijan dos).
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