Llegue al tercero único del número 7 de la calle Escalinata iniciando febrero. Entonces era yo el intruso mexicano, y sin embargo fui muy bien recibido por mis dos compañeros de piso, Íñigo y Sergio. Poco a poco me fui integrando a las pocas pero importantes rutinas de la casa, aunque para ser sincero Íñigo se hacía cargo de casi todo y yo solo ponía mi parte de dinero. Luego en verano se fue Sergio y entró en su lugar un compañero mío del máster, Santiago, jóven canario, que logró en dos días lo que yo no había logrado en meses, que nos visitaran las chicas del máster. Creo que al tercer día de haberse mudado ya nos había visitado casi el 30% de las mujeres del máster, que, hay que decirlo, son pocas. Tras el anuncio de la salida de Íñigo, mi asenso a director técnico de la casa era inminente.
Luego, hace dos días exactamente, Íñigo se fue. Consiguió una beca y lo mandaron a trabajar a Hong Kong. Así que de buenas a primeras me converti en el jefe de la casa. Esto sucedió mediante una ceremonia compuesta de pequeños ritos en varios días. En un día y mediante una llamada telefónica quedó mi nombre inscrito en el libro de arrendatarios de servicios telefónicos. Otro día recibí en un papel el número telefónico al que hay que llamar cuando está por acabarse la bombona de gas. Por último y el más emotivo de todos, me fue conferida la custodia del llavero que, ademas de tener las dos llaves a las que todos los de la casa tienen derecho (la de la puerta de la calle y la de la puerta del piso) incluía la llave del buzón y la del segundo cerrojo que nunca se usa. Una vez ausente Íñigo, estoy por tomar posesión del que fuera su cuarto, el más grande y luminoso de la casa. Privilegio reservado, evidentemente, para el Tlatoani del piso.
Así quedo cerrada mi iniciación para convertirme en el alto consejero delegado de escalinata 7 tercero. Tengo la potestad para cambiar muebles de lugar, quitar y poner cuadros, designar objetos para ser desechados y mi autoridad es incuestionable, ya que sobre mi pesan altas responsabilidades como la de reunir el dinero para pagar la cuota del internet, elemento más vital que el agua.
Mañana llega el chico italiano que ocupará el cuarto que queda vacio tras la partida de Íñigo. Trabaja en una empresa dedicada a la fotografía, estudio edición fotográfica, y es simpático. Por lo pronto, tengo que terminar de cambiarme de cuarto.
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4 comentarios:
Guau! suena interesante eso de ser el Tlatoani. Acá en Sancris, en "la fuente de los cambios" lo que hacemos es rotarnos la contabilidad y pagos, así nos hacemos cargo del archivo de los gastos y también de recibirlos de las que componemos ésa casa. cada 3 meses nos rotamos. Eso sí somos muy cumplidas en los pagos y hacemos una junta una semana antes de iniciar los pagos para ver cómo estamos de finanzas.
Nos va bien así, porque en ocasiones alguna de nosotras ( como yo ) cada tres meses tiene que viajar , entonces se rota a la siguiente.
Es un tip, por si tienes muchas cosas qué hacer
Besos
No desesperes Jordi. Ahora tienes todo el poder. ¡Por Fin! JA JA JA
¿Cómo cambia la vida en un año no? Un saludo Tlatoani
Jajaja. Está muy ameno este post. ¡La manera en que cuentas esta historia me gustó! ¡Felicidades jefazo!
HAO! jefe Tlatoani... me encanta como lo narras.
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